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Nemesio Rubén Oseguera Cervantes

La caída de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes dejó al descubierto que su poder dentro del Cártel Jalisco Nueva Generación estaba acompañado por un fuerte deterioro en su salud durante los últimos años.

Desde el año 2020, reportes de inteligencia señalaron que padecía insuficiencia renal crónica terminal.

La enfermedad afectó de manera directa su movilidad y redujo su presencia en reuniones estratégicas y operativos importantes.

Con el paso del tiempo, su condición lo obligó a permanecer cada vez más aislado en zonas montañosas de Jalisco, México.

Su forma de dirigir la organización cambió y comenzó a ejercer el mando a distancia, con menor exposición pública.

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El hospital clandestino como refugio

Ante el riesgo de acudir a hospitales formales, ordenó la construcción de un centro médico privado en la comunidad de El Alcíhuatl.

El lugar fue diseñado específicamente para tratar su enfermedad sin llamar la atención.

Contaba con equipo especializado y personal médico bajo estrictas normas de confidencialidad.

Ese hospital se convirtió en su principal espacio de atención y en el eje de su estrategia para mantenerse con vida mientras seguía al frente del grupo.

Sin embargo, la concentración de traslados médicos y recursos en esa zona comenzó a generar patrones que fueron detectados por las autoridades.

Cambios en el liderazgo del CJNG

Debido a su estado de salud, delegó funciones clave a personas de su confianza.

Audias Flores Silva y Hugo Mendoza Gaytán asumieron tareas relacionadas con producción, logística y seguridad.

Mientras tanto, él mantenía el liderazgo mediante mensajes y comunicaciones indirectas.

Aunque su nombre seguía apareciendo en órdenes internas para conservar lealtades, su ausencia física cambió el equilibrio de poder dentro de la organización.

El grupo empezó a operar con mayor autonomía en distintas regiones, anticipando una etapa de reacomodo interno.

Ubicación y operativo final

El confinamiento médico facilitó que las Fuerzas Armadas ubicaran su zona de permanencia.

Fue localizado en el corredor serrano entre Talpa de Allende y Tapalpa.

En esa región se ejecutó un operativo de precisión que puso fin a su vida.

El hospital clandestino quedó como evidencia de cómo su estado físico marcó sus últimos años y terminó influyendo en su localización por parte de las autoridades.

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